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Cómo comer una hamburguesa en la primera cita

Cómo comer una hamburguesa en la primera cita

Cómo comer una hamburguesa en la primera cita debería salir en el ‘vademecum’ de cualquier manual de ligoteo que se precie.

Seamos francos, si algo puede salir mal en una primera cita saldrá. Forma parte de la idiosincrasia de las relaciones, es la prueba de fuego que separa a los dignos de los indignos. Superarás el trance si le das la importancia justa -es decir, ninguna- pero también si pones todo de tu parte para que la debacle se produzca en términos controlados y la combustión no genere daños irreparables.

El amor es demasiado bonito para estropearlo con una primera cita desastrosa y un pegote de ketchup en el mentón. Toparse en un instante de pasión desbocada un trozo de lechuga en el escote no aviva, ni mucho menos, el apetito sexual. No, de pepino agridulce tampoco. Por eso si en tu primera cita quedas para ir a una hamburguesería no deberías salir de casa sin leer al menos tres veces (mejor siete) este artículo.

Rescatamos para ti la investigación, publicada por la revista Muy Interesante que halló la técnica más efectiva para sujetar y comer una hamburguesa sin que su interior se resbale entre los dedos por tu mano convirtiendo tu ‘look casual’, con el que diste solo tres cuarto de hora después de haberte puesto a ello, en un folclórico traje de lunares a base de lamparones.

El estudio fue encargado por el programa de televisión japonesa Honma Dekka!? a tres investigadores,  un odontólogo, un ingeniero y un experto en mecánica de fluidos, quienes crearon un modelo en 3D de una hamburguesa para estudiar cómo interactuaban sus partículas mientras se le sujetaba de diversas maneras.

Tras cuatro meses de investigación, obtuvieron la respuesta. La forma «típica» de comer una hamburguesa, con los pulgares en el pan de abajo y los dedos en el de arriba, empuja el suculento interior de la hamburguesa hacia afuera en dirección opuesta a tu boca. Mancharse o no es una cuestión de pericia pero también una ruleta rusa y, recuerda, la Ley de Murphy juega en tu contra.

La mejor manera de evitar que la hamburguesa se desparrame -tatatatatatachán- es colocando los pulgares y meñiques en el pan de abajo. Sitúa los tres dedos restantes de cada mano en el pan de arriba, dividiendo la hamburguesa en partes iguales y sujetándola de manera uniforme. Es como jugar al Twister con los dedos y, además, no tienes que lidiar con extremidades ajenas. Chupado.

Es importante no sujetar la hamburguesa con demasiada fuerza, pues si se aplasta el pan los ingredientes se derramarán. El odontólogo recomienda calentar la mandíbula antes de empezar, abriéndola y cerrándola un par de veces antes de dar la primera mordida. Eso, mejor, hazlo en casa o aprovecha una fugaz y clandestina visita al baño, a riesgo de quedar como un ‘rarito’.

El descubrimiento viene con letra pequeña porque la efectividad de esta técnica depende del tipo de pan, la cantidad de salsas y los ingredientes. Si algo sale mal, sonríe. Si él (o ella) te acompaña y abraza tu naturalidad y frescura, quizás sea el adecuado. Si se le avinagra el gesto, has tenido incluso más suerte. El oráculo de la hamburguesa te ha ahorrado tiempo y disgustos: el sosaina que tienes en frente no merece la pena.

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